Sanando heridas del divorcio

Sanando las heridas del divorcio y la separación

Cuando hablamos del Divorcio y la Separación, es algo deprimente y trae carga al corazón. El Divorcio y Separación se han convertido en una plaga, con proporciones epidémicas en nuestra sociedad que avanza y penetra en todas las clases sociales dejando en cada hogar dividido soledad, tristeza y dolor. Los divorcios están ocurriendo aún en los hogares cristianos, a pesar de los buenos consejos, oraciones de amigos y aún en contra de alguno de los cónyuges. Muy pocos están recibiendo la ayuda de la Palabra de Dios, mientras siguen luchando contra la corriente avasalladora de la culpa, la depresión, el rechazo público y aún de los miembros del Cuerpo de Cristo.

El propósito de este artículo es orientar a las Iglesias  bajo la cobertura de Fundamento para la Familia y no condenar al que ha sufrido en carne propia el dolor del Divorcio o la Separación.

Los consejos, reflexiones y la Palabra de Dios, que usaremos en esta enseñanza, ayudarán a mantener el matrimonio como un tesoro dado por Dios, para los que estén en CRISIS, y hayan pensado en divorciarse o separarse; o matrimonios que en un futuro puedan llegar a esta situación. Es decir, que estas enseñanzas nos sirvan como medicina PREVENTIVA y CURATIVA para los hogares.

“El sana a los corazones destrozados y venda sus heridas”. Salmo 147:3

INTRODUCCION 
divorcio20facilAlgunos temas se escriben con una sonrisa despreocupada, otros con determinación enérgica y otros simplemente con el deseo de instruir y alentar. Sin embargo, este se ha escrito con un gemido profundo. Hablar del matrimonio como el Plan Original de Dios, o sea, donde los cónyuges están unidos en un mismo sentir, es encontrar cosas maravillosas que Dios hace, como la permanencia, la unidad y la intimidad de los esposos.

Cuando hablamos del Divorcio y la Separación, es algo deprimente y trae carga al corazón. El Divorcio y Separación se han convertido en una plaga, con proporciones epidémicas en nuestra sociedad que avanza y penetra en todas las clases sociales dejando en cada hogar dividido soledad, tristeza y dolor. Los divorcios están ocurriendo aún en los hogares cristianos, a pesar de los buenos consejos, oraciones de amigos y aún en contra de alguno de los cónyuges. Muy pocos están recibiendo la ayuda de la Palabra de Dios, mientras siguen luchando contra la corriente avasalladora de la culpa, la depresión, el rechazo público y aún de los miembros del Cuerpo de Cristo.

Una persona dijo; “Hay pocas experiencias más desgarradoras que un Divorcio o Separación, sobre todo cuando ocurre después de muchos años de matrimonio. El divorcio puede sumirnos en una especie de exilio psicológico y espiritual”. Esta persona sentía que hasta Dios mismo la había abandonado, y aunque su vida se había convertido en un caos casi total, “el Buen Pastor la buscó y curó sus heridas.”

El matrimonio no es una institución creada por el hombre; por lo tanto, no tiene el derecho de destruirlo y pervertirlo. “La íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias, se establece sobre la alianza del Matrimonio…, un vínculo sagrado…no depende del arbitrio humano. El mismo Dios es el autor del Matrimonio”.

El matrimonio es algo noble, grande y sublime, instituido por Dios para el bien del hombre y como base sólida de la Familia y de la sociedad. Fue elevado por Jesucristo a la dignidad de sagrado entre bautizados. La Familia es la institución que Dios creó como contraste a la soledad humana. Un político contemporáneo dijo: “Dadme hogares equilibrados y os daré una nación fuerte y poderosa”. Pero ¿cómo podremos hacer una nación fuerte y poderosa si nuestra generación quiere echar fuera a Dios? Los organizadores de la ONU, acordaron que en la carta constitucional no figuraría nunca la palabra Dios. Esta decisión equivalió a que nuestros políticos expresaran: “resolvamos todos nuestros problemas sin Dios, no lo necesitamos.” 

En algunos países se cree que quienes se casan ante la autoridad civil y no ante la religiosa, tienen la libertad de divorciarse cuando quieran. Esto es falso pues no fue la sociedad, ni la Iglesia las que instituyeron el matrimonio, sino el mismo Dios es el autor del matrimonio. Las ceremonias de boda son creación humana, pero el matrimonio es de Dios. El matrimonio es más que una unión sexual, el matrimonio sirve para llenar el vacío del corazón humano, para tener compañerismo. El matrimonio es la unión más íntima de todas las existentes y puede ser la más duradera pues como dice la Biblia: “…serán una sola carne…” Génesis 2:24.

EL DIVORCIO Y SEPARACIÓN UNA REALIDAD

El divorcio nunca estuvo en el Plan Original de Dios para el hogar. Jesús lo estableció claramente en Mateo 19:8 “Jesús contestó: Porque ustedes son duros de corazón, Moisés les permitió despedir a sus esposas, pero no es esa la ley del comienzo.” El Plan Original fue sencillo y claro: un hombre, Adán, con una mujer, Eva, juntos en una unión permanente, matrimonio para toda la vida. ¡Cuán perfecto!  Recordemos que el pecado no estaba presente, ni la naturaleza carnal en esa humanidad.

En el comienzo de la vida, en el hogar había absoluta perfección. El pecado del hombre generó un efecto destructor sobre todas las cosas y sobre todo el mundo. El conflicto sustituyó a la armonía, la guerra reemplazó a la paz y el sufrimiento al gozo. La desobediencia, rebeldía, peleas y aún el asesinato formaron parte de la vida diaria, en las naciones, en las ciudades y aún en los HOGARES, estos no estuvieron exentos.

La mezcla de los judíos con los gentiles fue algo que Dios no permitía…por eso le proveyó a Moisés la “carta de divorcio”. Cuando le preguntaron a Jesús acerca del divorcio, El lo explicó diciendo: “por la dureza de vuestro corazón”. Recordemos que no fue diseñado en el Plan original de Dios para el matrimonio. El pecado contaminó ese Plan. En el matrimonio actual, primero llega el Amor, después el Matrimonio. Más tarde las peleas interminables y finalmente el DIVORCIO, la SEPARACIÓN y/o la ANULACION. Los tres son consecuencias que dejan heridas en el corazón de los esposos. Estos tres conceptos implican SEPARACION.

DIVORCIO 

La palabra DIVORCIO se deriva del verbo latino Divertiré que significa Separar; es dejar sin efecto, romper una unión que hasta ahora era válida y estaba plenamente vigente. Se rompe una unión entre dos personas.

CLASES DE DIVORCIO

De acuerdo con el estudio realizado y las experiencias obtenidas a través del Ministerio, podemos clasificar el divorcio así:

a. Divorcio Espiritual

El Divorcio rompe un principio fundamental del matrimonio que es la unidad. No existe matrimonio sin UNIDAD. Cuando la Palabra de Dios dice “…y serán una sola carne” se refiere en primer lugar a la unión sexual, pero de ninguna manera se refiere solamente a esta. Dios no pretende que para ser una sola carne aprendamos a tener relaciones sexuales satisfactorias, porque estas no son un fin en sí mismas, sino el producto de una buena intimidad espiritual y emocional. La pareja aprende a vivir en unidad cuando ambos están listos a renunciar a todo lo que, aunque sea bueno para el individuo, es malo para el matrimonio.

La unidad no solo habla de vivir juntos bajo el mismo techo; la UNIDAD no es solo dormir en la misma cama, ni disfrutar las mismas comidas, ni pagar juntos las cuentas. Es mucho más que eso. La UNIDAD es determinar que ambos seguirán las metas que Dios ha establecido para el matrimonio. Ambos son diferentes, sin embargo, ambos van rumbo a la misma meta; meta que no es el resultado del plan del esposo, ni de los propósitos de la esposa. Meta que es el Plan Divino para el esposo y la esposa. La unidad incluye planificación de los asuntos espirituales, físicos, emocionales, familiares e intelectuales.

Este es un Plan conjunto que toma en cuenta la opinión de ambos y se decide lo que es mejor para la familia y lo que más se ajusta al propósito de Dios. La unidad no significa que ambos siempre estarán de acuerdo. Es decir, la unidad no es sinónimo de unanimidad, ni uniformidad. Con base en lo anterior, si uno de los cónyuges no sigue el Plan de Dios, hay un DIVORCIO ESPIRITUAL, aunque pueda haber unión física y aún emocional.

b. Divorcio Emocional

La pareja aún viviendo bajo el mismo techo, ha hecho una ruptura en la afectividad. El amor se ha acabado en uno o en ambos cónyuges; se ha roto la intimidad. Pero aún así, siguen conviviendo por diferentes motivaciones: sociales, económicas, por los hijos, etc.

c. Divorcio total

Es la ruptura definitiva en todas las áreas.

SANANDO LAS HERIDAS DEL DIVORCIO Y LA SEPARACIÓN

Salmo 34:19: “El Señor está cerca de las almas que sienten aflicción y salva a los de espíritu abatido.” El divorcio y la separación son procesos que nunca terminan; son una de las experiencias más dolorosas. Es la muerte de un matrimonio, pero con esto no terminan todas las cosas como sucede con la muerte física. Se acaba con la relación conyugal pero en la mayoría de los casos quedan nexos comunes. Existen lazos económicos que exigen cierto trato y es mucho más difícil cuando se tienen hijos.

Los efectos del divorcio se pueden aprender a manejar con mucha sabiduría, pero en esencia es una herida en el Plan perfecto de Dios que deja profundas cicatrices. Por eso, haga un análisis o examen profundo de lo destructiva que es su relación conyugal y compárela con las consecuencias que le sobrevendrán, en caso de un divorcio o separación. El divorcio y la separación ciertamente son una tragedia, porque incluyen experiencias y consecuencias que afectan el normal desarrollo de la vida humana. Pero en toda tragedia existen personas que sufren y que necesitan restauración, especialmente los hijos que son inocentes.

La restauración está disponible si es que se inicia el proceso dando el primer paso. La longitud de este camino depende de la actitud de la persona. El primer paso no es fácil. Mediante él reconocemos que todo divorcio y separación tienen una realidad dolorosa e incluye tragedia. El divorcio y separación llevan a la tragedia porque acaba con algo que nunca debe terminar, como es el matrimonio y lleva a las personas a experiencias hondamente conmovedoras. El divorcio y la separación provocan una situación traumática en la Familia porque interrumpe el proceso de desarrollo natural de esta.

Por lo general, todo el proceso está rodeado de muchas emociones y confusión. Las personas pueden experimentar sentimientos de soledad, de rechazo y un profundo pesar por sentir que se ha fallado. Le pueden provocar ira, enojo consigo mismo o con otras personas. Además, puede disminuir considerablemente su nivel de autoestima. Pueden ir de uno al otro extremo. A veces se sienten solos y les parece que nadie les apoya en su tragedia. Otras veces, sienten que algunos invaden su vida y se inmiscuyen en lo que no han permitido.

Generalmente, quienes viven la dura experiencia del divorcio, son blanco de una gran cantidad de crítica de los parientes, incluso a veces de los propios hermanos de la Iglesia y en medio de este tormento emocional, deben enfrentar otros conflictos: la confusión que experimentan los niños, los conflictos que surgen cuando se debe decidir qué hacer con los bienes comunes, la nueva proyección del futuro y los sentimientos de fracaso o culpa son una carga muy difícil de llevar. El Divorcio y la separación pueden ser tan traumáticos como la muerte de un cónyuge. Así como es difícil soportar el dolor y es duro e inevitable el proceso posterior a la pérdida de un ser querido, también cuando llegan el divorcio o separación llega la angustia.

El dolor y la ansiedad inundan la casa. Los cónyuges están obligados a vivir el inevitable proceso de rompimiento y todo el dolor que esto implica, para después transitar por el doloroso proceso de SANIDAD. Existen muchas publicaciones que describen la experiencia psicológica y sociológica del divorcio, pero no se ha escrito mucho para ayudar en el proceso de Sanidad Espiritual; sin embargo, hay esperanza para la sanación.

Los momentos de autocompasión deben desecharse y la sabiduría del Señor debe revelarse. A veces es difícil enfrentarnos a nosotros mismos pero debemos hacerlo, si queremos que nuestra vida sea plena, verdadera y limpia, no una religiosidad en el mal sentido de la palabra. Dios quiere descubrir los razonamientos complicados y barreras ocultas que hay en nuestro corazón y ayudarnos a enfrentarlos. Digámosle a Dios lo que sentimos y hagámosle muchas preguntas. Jesús quiere que el amor nos vuelva reales.

El amor de Dios hace desaparecer de nosotros el temor a ser verdaderos y nos ayuda a aceptarnos y disfrutarnos tal y como El nos creó. Dios nos ayuda a sentir lo que necesitamos sentir, pero pidámosle que los sentimientos no nos dominen ni gobiernen.

Hay una esperanza para las personas que han tenido rupturas en su matrimonio   y así puedan enfrentar todos los sentimientos que experimentan por las pérdidas que sufren y sanarse de ellos. El proceso de restauración está rodeado de muchas emociones y confusión. Las personas pueden experimentar sentimientos de soledad, rechazo, pesar, etc. que analizaremos a continuación y que será una Guía Espiritual para la Recuperación y Sanación, de tal forma que recordaremos el sufrimiento pero transformado en riqueza espiritual.

El cristiano entenderá mejor esta historia reflexionando en el cuerpo resucitado de Jesucristo. Salió de la tumba, después de tres días y apareció ante sus seguidores con las huellas de la crucifixión todavía visibles en sus manos, sus pies y su costado. El sufrimiento que Jesús experimentó en la tierra no se borró cuando volvió a su Cuerpo resucitado. El dolor se había transformado pero seguía siendo reconocible. De igual modo las heridas que experimentamos en esta vida nunca desaparecen por completo. Nuestro dulce Dios matiza las penas de manera que ya no nos abrumen, pero seguimos recordando lo que sucedió. De alguna manera, se lleva a cabo un cambio interno que nos permite percibir cada situación con una visión diferente. Un antiguo proverbio, nos conforta recordándonos: “No haber sufrido es no haber sido humano”. 

El dolor pasa, los recuerdos quedan; nuestros seres amados nos dejan, pero persiste la experiencia de amor. Somos más ricos por haber pagado el alto costo de estar unidos, de ser vulnerables y de tener intimidad con Dios, con los demás y con nosotros mismos.

A continuación analizaremos cómo podemos ser sanos y libres de cada uno de los sentimientos de NEGACIÓN.

La negación es surgen y nos hieren por las rupturas matrimoniales: una forma frecuente de manejo de las situaciones dolorosas. Una persona que niega es incapaz de percibir la realidad. Los demás pueden verla fácilmente y hasta mostrarle las situaciones de peligro, pero la persona distorsiona la realidad y entierra la cabeza continuamente como el avestruz y se provoca un gran daño.

Salir de la negación puede ser muy difícil porque generalmente la persona “niega estar negando”. Cuando el dolor llega a ser más intenso que los temores, se abre los ojos a la verdad. La mente humana puede aprender a distorsionar los datos que recibe, cambiándolos por algo totalmente diferente . Ejemplo: “El síndrome del hipopótamo en la sala”: En esta escena, el hipopótamo obviamente establece su residencia en el hogar pero nadie está dispuesto a aceptar su existencia. Para ello, los miembros de la familia caminan alrededor de él, lo decoran, le ponen carpetas encima, construyen otra recámara para acomodarlo en ella, pero nunca jamás se dicen el uno al otro: “Hay un hipopótamo en la sala”. Esta tonta metáfora puede parecer ridícula, pero es exactamente la manera en que se comporta la persona que niega.

La situación marital enfermiza puede ser obvia, hasta para conocidos ocasionales, pero la pareja seguirá fingiendo que todo está bien. La conciencia del problema es el inicio de la Sanación. El Señor comprende muy bien el rasgo humano de la NEGACION y lo describe en la cita de Mateo 13: 13:14: “Por eso les habló con parábolas, porque cuando miran no ven, y cuando oyen, no escuchan ni entienden. Y se verifica en ellos lo que escribió el profeta Isaías: Oirán, pero no entenderán, y, por más que miren, no verán.” Enfrentar la verdad en un matrimonio enfermizo significa enfrentarse a sí mismo y a la pareja.

Se desbarata la infraestructura y provoca RECHAZO a darse una nueva oportunidad “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, Salmo 22:1. En estas palabras pronunciadas por Jesucristo, expresa en voz alta sentimientos de abandono, de pérdida y de rechazo. No grita por la tortura a que es sometido, sino por el tormento mayor de encontrarse rechazado y aislado. Los sentimientos de rechazo unidos a las relaciones rotas, son un componente devastador del trauma del Divorcio. La sensación de no ser deseado es un golpe a la autoestima de la persona, que juró permanecer conmigo para siempre. Además de la sensación del rechazo en el ámbito humano, la persona divorciada experimenta a menudo sentimientos de ser rechazada emocional y espiritualmente por Dios.

El REMEDIO -la cura-  para el RECHAZO y los demás males causados por el Divorcio, lo encontramos reclamando el INTERCAMBIO DIVINO. Dios nos demostró el amor al morir en la cruz para que nosotros fuéramos salvos; en este caso, El sufrió el mayor rechazo que pueda sufrir ser humano alguno, TEMOR y MIEDO, de Dios y del hombre, para que nosotros fuéramos aceptados. Reclamemos esta Bendición: Isaias 41:10: “No temas pues yo estoy contigo, no mires con desconfianza, pues yo soy tu Dios, y yo te doy fuerzas, yo soy tu auxilio y con mi diestra victoriosa te sostendré”.

El temor o miedo van invadiendo a la persona hasta llevarla a la cima de la escala de tensión, de afectar el sueño y le produce insomnio; se llena de temores racionales e irracionales, hasta llegar al pánico. El expresar los temores ayuda a reconocer los síntomas relacionados con las emociones del miedo. Los temores irracionales, son sentimientos de condena que se pueden mitigar a través de reclamar el amor misericordioso del Señor, orando.

TRISTEZA – PESAR – DEPRESIÓN – SOLEDAD

…Se transforman proclamando la palabra contra el TEMOR. Mateo 26:38: “Y les dijo: “Siento una tristeza de muerte; quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos”. 

Son sentimientos relacionados con la pérdida de un ser amado por muerte o ruptura. Se expresa en llanto, agotamiento, desaliento, desánimo, desesperanza.  A veces el rompimiento de un matrimonio, es una pérdida aún peor que el fallecimiento de la pareja, porque el enviudar no conlleva un estigma social, ni provoca continuas luchas por los bienes y los hijos, ni genera sentimientos fuertes de fracaso. La terminación de una relación, sin importar su duración, provoca olas de depresión y melancolía en todo nuestro ser. Si no manejamos nuestros sentimientos, estos nos manejan a nosotros, con síntomas como diarrea, insomnio, conductas adictivas, etc.

No debemos aislarnos, no puede menospreciarse la importancia de los amigos que brindan apoyo y nos escuchan durante esta época. Aquí es donde se descubren los verdaderos amigos y hermanos. Como cristianos podemos invitar a Dios para que nos consuele en este período de tristeza. II Corintios 1:3-4: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios!”

IRA – ENOJO 

Efesios 4:26: “Enójense, pero sin pecar: que el enojo no les dure hasta el término del día, y no den lugar al demonio.” Es difícil no estar enojado ante este cambio de acontecimientos en nuestra vida. El enojo es principalmente hacia Dios. Los sentimientos de ira tarde o temprano se manifiestan y conducen a enfermedades físicas como úlceras, dolores de cabeza por tensión, asma, colitis, alergias. Al ser conscientes del enojo, se aprende a reconocer los síntomas de la ira almacenada y así se puede manejar sin que ella nos maneje. Cuando no reconocemos la ira caemos en el rencor y en la censura.

VERGÜENZA – BAJA AUTOESTIMA – CULPA

Vivamos la cita Bíblica que enunciamos. Salmo 34:6: “Mírenlo y quedarán iluminados, no asomará en sus caras la vergüenza”. Debemos diferenciar entre qué es culpa y qué es vergüenza. Culpa es una palabra de acción; tiene que ver con las cosas que hago, que ofenden a Dios, a otras personas o a mí misma. La vergüenza es una experiencia interior muy aguda de vulnerabilidad; es un sentimiento doloroso de uno mismo como persona. La vergüenza es cuestión de identidad no de falla en nuestra conducta. La vergüenza es sentirse mal y decir: “soy un error”. La mayoría de las personas padecen agudos sentimientos de vergüenza después de un rompimiento matrimonial, sobre todo si tienen fuertes creencias religiosas acerca del matrimonio. Sentimos vergüenza porque tenemos una baja autoestima. Jesús que nos redimió, ya nos liberó de las cadenas de la vergüenza y la mala auto imagen.

Dios nos puede PERDONAR y sanar las raíces de este obstáculo, si le pedimos que nos sane.

AYUDA DE DIOS 

Mateo 6: 14-15: ”Queda bien claro que si ustedes perdonan las ofensas de los hombres. También el Padre celestial los perdonará. En cambio, si no perdonan las ofensas de los hombres, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.” En un proceso de ruptura de las relaciones matrimoniales; debemos perdonar en primer lugar a Dios porque creemos que El no nos ayudó, no escuchó nuestra oración, nos abandonó. En segundo lugar, perdonarnos a nosotros mismos, sobre todo si iniciamos los trámites de la ruptura. Hay culpa porque creemos que cometimos errores. En tercer lugar, perdonar a nuestro cónyuge por luchas de finanzas, manutención y custodia de los hijos. Y si ha sido por adulterio, perdonar la traición al cónyuge y a la tercera persona que destruyó el matrimonio.

También debemos perdonar a los familiares y personas implicadas en el divorcio. El perdón es una decisión no un sentimiento. El perdón ofrece a la persona liberación y debe otorgarse independientemente de si la otra persona lo desea o no. Cuando perdonamos, nos quitamos un peso de encima y permitimos que sea Dios El que se encargue de tratar con la persona. Cuando perdonamos a la persona, apartamos de nuestra mente el constante martirio del resentimiento y los deseos de venganza; abrimos la puerta e invitamos a que actúe el Dios de justicia. El cristiano debe creer que es verdadera la afirmación divina que: “en la ira del hombre no obra la justicia de Dios”, Santiago 1:20. San Pablo aconseja con sabiduría: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” Romanos 12:19. Debemos practicar el perdón no solo como un acto, con obediencia, sino porque este es clave para la Sanidad Emocional.

LOS HIJOS

Tras la separación viene la lucha por el afecto y la lealtad de los hijos. Los hijos se sienten entre dos fuegos que van en direcciones opuestas. Ellos aman a sus dos padres, pero cada padre tiende a hablar mal del otro para poner a los hijos de su lado. Los padres deben ver, que no deben convertir en víctimas a sus hijos, ni utilizarlos como armas de batalla. Deben comunicarles la decisión de separación, pero que sepan que no es por culpa de los hijos, sino de los padres. No deben hablar mal el uno del otro en presencia de sus hijos. Por el contrario, deben enseñarles a sus hijos a aplicar el mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre”, aun cuando no hagan cosas dignas de honra. Se debe enseñar a los hijos a practicar la misericordia en su propia casa y con sus propios padres; a no juzgar sino a perdonar, esto por el bien de los propios hijos.

FINANZAS

Enfrentar las realidades financieras en las separaciones es uno de los aspectos más agotadores. Puede haber culpa, rabia e ira, cuando sentimos que somos tratados injustamente. Temor por el propio bienestar futuro de los hijos. Es raro que ambos queden satisfechos por el resultado final. Los aspectos financieros seguirán afectando a las parejas, mucho después de que se hayan separado.

PASOS DISPONIBLES PARA UNA RESTAURACION POSIBLE

Las personas que experimentan el doloroso rompimiento del matrimonio, necesitan seguir algunos pasos para ayudarse en su restauración:

1. Expresar libre y sinceramente las emociones cuando llegan. La persona debe sentir que tiene la suficiente confianza como para poder mostrar sus sentimientos. Esconderlos no ayuda en nada. Pero debe hacerlo con sabiduría, ante las personas preparadas para ayudar. Debe tener paciencia y educar a los niños para que manifiesten con sinceridad sus sentimientos, pues ellos están sufriendo.

2. Mantener una adecuada relación con Dios para evitar el odio, el resentimiento y la amargura. La experiencia dolorosa del rompimiento del matrimonio, quizás los aleje o los acerque a Dios. Un gran número de personas religiosas se aíslan espiritualmente, mientras que los que no han tenido interés en lo espiritual, se sienten atraídos por la Iglesia en busca de comprensión, y para lograr experimentar el perdón.

Tratar de llevar nuestras cargas solos, cuando Dios nos ofrece ayudarnos es una mala decisión. La lectura de la Palabra de Dios, el amor de los hermanos en la comunidad y la constante comunicación con Dios mediante la oración, no solo es una excelente terapia, sino la forma de que aceptemos la dirección y ayuda de Dios.

3. Perdonar con la Ayuda de Dios. Si nos relacionamos bien con Dios, nos ayudará a entender la diferencia entre el perdón divino y la censura de los humanos. Solo así, comprendemos que Dios es el autor de todo nuevo comienzo. Si no fuera por el perdón, no podríamos relacionarnos con Dios. Sin perdón, no podemos relacionarnos con los humanos como Dios quiere.

Cuando perdonamos, recorremos el único sendero que nos lleva a la tierra de la sanidad de las emociones dañadas. El perdón no significa aceptación de un mal comportamiento, sino la aceptación de la persona a pesar de sus errores. Aceptar a la persona no significa que condonemos sus errores, ni que vamos a volver a relacionarnos de la misma manera. Es simplemente el deseo de sacar del corazón, el deseo de venganza. Es liberarnos de la terrible necesidad de que alguien sufra, porque nos hizo sufrir y dejar que esa persona sufra por sus propios errores y que Dios haga justicia.

4. Guerra Espiritual. Haga guerra espiritual diariamente invocando la Sangre, el Nombre, la Palabra de Dios, y recurra a la ayuda del Señor. 

5. La necesidad de buscar ayuda de Expertos. La tendencia de las personas es tratar de enfrentarlo todo por sí solas, o de confundirse buscando ayuda de inexpertos. Es importante, que se dé cuenta de la necesidad de buscar expertos en las diferentes áreas: legal, o una consejería psicológica y espiritual.

6. Establecer nuevas relaciones interpersonales adecuadas. Muchas de estas relaciones se rompen como consecuencia de una separación. A veces, se rompen las relaciones familiares y otras, se ahondan con la familia del cónyuge. Pero se debe establecer una nueva relación interpersonal con el cónyuge que se va a separar. A veces se rompe todo vínculo, pero cuando existen hijos, casi siempre quedan algunos vínculos y se necesita establecer una nueva relación interpersonal de respeto. Hay muchos cambios que realizar especialmente con amistades comunes.

LA ACTITUD DE LA IGLESIA ANTE EL DIVORCIO Y LAS NUEVAS PAREJAS 

En el ministerio cristiano Fundamento para la Familia creemos que la Iglesia debe entender la situación de los divorciados vueltos a casar.

Ellos tienen la primera tentación de sentirse separados de la vida de la Iglesia, discriminados e incomprendidos, y muchas veces, no les faltan motivos de justificación del fracaso del primer matrimonio. Para comprender esta situación tenemos que acudir a dos realidades de la Iglesia: la Iglesia como refugio y la Iglesia como guía.

Como Refugio tiene entrañas de misericordia; en ella está presente el amor bondadoso de Dios Padre, esa Iglesia participa de los sentimientos de Jesús, Buen Pastor que siente compasión por el rebaño, y en especial por las ovejas heridas, extraviadas, enfermas. El vino a buscar a los pecadores, sabiendo que no son los sanos los que necesitan el médico, sino los enfermos.

La “Iglesia Guía” debe velar por el cumplimiento de la voluntad del Señor en el proyecto de Vida de Dios; acercarnos a la verdad que Dios ha querido entregarnos. Si la Iglesia como guía es la Iglesia de la Fidelidad y de la Verdad, la Iglesia Refugio es la Iglesia de la Misericordia y de la acogida. La “Iglesia Guía” tiene que ser consciente de la santidad de las instituciones que el Señor estableció.

Sería muy frustrante para unos esposos que se casan para toda la vida, encontrar en la Iglesia un juego. De tal manera, que lo que se promete de palabra, la Iglesia con la misma facilidad lo borra. La Iglesia cree que el matrimonio es santo, porque el amor de los esposos, es signo de la unión indisoluble y siempre fiel, de Cristo con la Iglesia.

En este momento aparece la “Iglesia Refugio”, la Iglesia de la misericordia, preocupándose por estos hijos y les expresa una posición clara respecto a la verdad de la santidad del matrimonio, porque la Iglesia es fiel a sus principios. Sin embargo, esa “Iglesia Refugio” no quiere que nadie perezca por esto, no abandona a sus hijos, no abandona a los divorciados vueltos a casar; es la Iglesia que dice que los cristianos divorciados y vueltos a casar forman parte de la familia de Dios, porque están convertidos -nacidos de nuevo-; esa conversión no lo borra nada ni nadie. La comunidad de fe -Iglesia- bajo la cobertura de FUNDAMENTO PARA LA FAMILIA, debe particularmente ofrecer, “estima, solidaridad, comprensión y ayuda correcta”, a los cristianos divorciados y vueltos a casar.

Concluyamos, ¿Hay alguna esperanza para el hogar de los divorciados vueltos a casar? El camino que la Iglesia les propone a los divorciados vueltos a casar, es el mismo que para los otros cristianos: una vida de Fe, de Esperanza y de Misericordia participando de la vida de la Iglesia.

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