Cuando los niños ven pornografía

 

Ningún buen padre desea que su hijo vea pornografía, pero a menudo sucede. Algunos investigadores han declarado que la edad promedio de exposición a pornografía ha bajado a 8 años. Antes de los días del Internet, los niños generalmente tenían entre 11 y 13 años cuando comenzaban a ver pornografía ligera en revistas.

Los niños de hoy viven en una cultura donde abunda la pornografía “dura”. Nuestros hijos están siendo seducidos diariamente, y debemos tener en cuenta este hecho cada vez que tengamos la oportunidad de alejarlos de la pornografía.

También es extremadamente importante que los padres no enfoquen sus esfuerzos solo en atender a sus hijos, olvidado a sus hijas. La pornografía y otros medios sexualizados pueden afectar negativamente tanto a las niñas como a los niños y, a menudo, ocasionan un daño significativo en sus capacidades para formar relaciones sanas cuando sean adultos.

La meta 

Queremos ser padres intencionales. Es nuestro privilegio y responsabilidad educarlos en temas de sexualidad. Debemos comenzar desde temprano, y continuar a lo largo del tiempo que nuestros hijos estén con nosotros en casa. 

El objetivo final de la educación sexual para nuestros hijos es que puedan entender la interacción dinámica entre la sexualidad y la espiritualidad. Como cristianos, queremos ayudarlos a comprender, por ejemplo, que las relaciones sexuales son un acto de amor compartido entre un esposo y su esposa. Este acto sagrado simboliza la unión espiritual que ocurrirá entre Cristo y Su Novia, la Iglesia, en su regreso a la tierra. Esperamos que nuestros hijos se vean a sí mismos como un tipo de Cristo cuando se relacionen con sus esposas, y que nuestras hijas se vean a sí mismas como un tipo de iglesia cuando se relacionen con sus maridos. Lo que reflejamos hoy en nuestros matrimonios probablemente se reproduzca en los matrimonios de nuestros hijos.

Cuando ayudamos nuestros niños a ver el panorama general sobre la santidad del sexo, estaremos mejor preparados para enfrentar el problema de la pornografía cuando ocurra y si ocurre en la vida de nuestros hijos.

¿Usted y su esposa comparten los mismos valores fundamentales?

Lo ideal es que los padres compartan los mismos valores fundamentales que promueven la pureza sexual. Esta unidad facilitará la recuperación de su hijo. Por otro lado, si los padres de un niño tienen opiniones divididas con respecto a la pornografía, la rehabilitación de ese niño será más difícil.

El hecho de que un niño se involucre repetidamente con la pornografía, puede ser un síntoma de un hogar infeliz. Una vez que los problemas del niño comienzan a aflorar, sus padres pueden beneficiarse de la terapia conyugal si continúan en desacuerdo con el tema de la pornografía en general o no logran ponerse de acuerdo sobre cómo facilitar la recuperación de su hijo.

Sin embargo, antes de que comience a culparse, debe saber que cualquier niño puede estar expuesto a la pornografía, incluso los niños que provienen de hogares sanos. El punto aquí no es culpar a los padres, sino ayudarlos a identificar cualquier problema que pueda estar afectando negativamente la comprensión de la sexualidad o la recuperación de sus hijos.

¿Mi hijo vio la pornografía a propósito?

Estoy convencido de que los niños son víctimas de una forma encubierta de abuso sexual cada vez que se enfrentan a materiales sexualmente provocativos. Con esto en mente, nuestros hijos necesitan que seamos defensores saludables de su bienestar, incluso si debemos enfrentar su deliberada exposición al porno.

Si un niño ha sido encontrado con pornografía es importante no sacar conclusiones precipitadas. Un interrogatorio duro e impulsivo probablemente cerrará a su hijo. Una vergüenza poco saludable a menudo conduce a un comportamiento más intencional con la pornografía.

En lugar de esto, investigue sobre cómo su hijo encontró la pornografía. Por ejemplo, ¿alguien introdujo a su hijo a la pornografía? Los profesionales de la salud mental reconocen el diferencial de poder que ocurre como resultado de la edad, y si la persona que introdujo la pornografía era mayor por tres o cuatro años, constituye un tipo de abuso sexual. Estos incidentes deben ser reportados a las autoridades locales.

¿Esta fue la primera exposición de mi hijo?

También será importante saber si esta fue su primera exposición a la pornografía. La frecuencia de la exposición es importante porque con el tiempo el niño tiende a desensibilizarse. A medida que ocurre la desensibilización, un niño generalmente comienza a buscar una mayor frecuencia de pornografía, y una calidad más dura o más severa. Una mayor frecuencia y un cambio a la pornografía “dura” son indicadores de que el cerebro ha comenzado a buscar más estimulación, lo que puede conducir a la adicción. 

Si descubre que su hijo ha desarrollado el hábito de ver pornografía, será importante buscar los servicios de un especialista capacitado para facilitar la recuperación.

¿Exactamente qué vio mi hijo?

¿Qué tipo de pornografía vio? Lamentablemente, con Internet, un niño puede estar expuesto a una amplia gama de perversiones sexuales en segundos. Si su hijo tiene una dirección de correo electrónico, es probable que esté expuesto a un correo electrónico pornográfico. Un estudio reciente encontró que el 47 por ciento de los niños en edad escolar recibían correo no deseado a diario. Este estudio también encontró que hasta uno de cada cinco niños abre el correo no deseado que recibe. Será importante aprender sobre los tipos de pornografía que su hijo vio. Por ejemplo, ¿la pornografía era heterosexual u homosexual? ¿Se limitaba a mostrar partes del cuerpo o incluía actos sexuales? ¿La violencia sexual era parte de la pornografía?, ¿incluía bestialidad? 

Muchos padres buscarán la ayuda de un terapeuta en este punto. Sabiamente, quieren salvaguardar sus roles como padres y evitar dañar la relación al hacer que el adolescente se sienta interrogado o avergonzado al hacer preguntas tan difíciles. El terapeuta también puede abordar delicadamente el trabajo de determinar en qué medida ha estado expuesto a los tipos de pornografía más severos, sin plantar inadvertidamente ideas que el adolescente nunca imaginó.

Independientemente de lo que se haya visto, será más importante rehabilitar a su hijo que simplemente corregirlo o castigarlo. 

¿Como puede prevenir futuros incidentes?

Francamente, no hay garantía de que incluso el mejor padre pueda evitar la exposición de su hijo a la pornografía. Al igual que con los padres de cualquier edad o cultura, tratamos de hacer lo mejor que podamos con los recursos que tenemos. En caso de que ocurra otro incidente, será otro momento de enseñanza en el que reafirmará los preceptos y principios que nos guían hacia la plenitud.

Afortunadamente, la probabilidad de ocurrencias futuras puede disminuirse enfocándose en cuatro puntos. 

  • Conductual. Los enfoques conductuales intentan evitar que se desarrolle otro incidente. La casa y los alrededores, por ejemplo, deben ser purgados de toda la pornografía. Los medios deben ser examinados cuidadosamente en busca de “desencadenantes” que sirvan como puertas de entrada a la actuación. Si el problema ocurrió con Internet, un filtro puede ser una de sus estrategias, aunque nunca puede reemplazar la supervisión y participación de los padres.Otros enfoques de sentido común incluyen: mover la computadora a la sala familiar donde otros pueden ver fácilmente la pantalla, limitar el tiempo en la computadora para que nadie esté solo en Internet y desarrollar una declaración de misión que oriente el uso que le da la familia a la computadora y al Internet.
  • Cognitivo. La pornografía es propaganda falsa y genera mitos destructivos sobre la sexualidad. Una vez expuesta, será críticamente importante que se ponga en marcha una educación sexual integral, si aún no se ha iniciado. El niño tendrá que aprender qué y cómo pensar sobre la sexualidad. Más que meras conductas, los padres deberán comunicar los valores centrales de la sexualidad, los riesgos multifacéticos del sexo fuera del matrimonio y su continua compasión por lo difícil que debe ser crecer en esta cultura.
  • Emotivo. El sexo es intrínsecamente emocional. El sexo prematrimonial incluso se ha relacionado con la codependencia, donde al menos una persona se ve obligada o adicta a estar en relación con otra. La cultura juvenil te haría creer que el sexo no es necesariamente emocional para ellos, ¡no lo creas! Las relaciones sexuales de cualquier tipo vinculan los cuerpos, las mentes y los espíritus de dos individuos. En el nivel consciente, este apego es en gran medida emocional. Nuestros hijos deben entender que el apego emocional a menudo es involuntario, y especialmente cuando la relación se ha visto comprometida sexualmente.
  • Espiritual. En esencia, la integridad sexual se reduce a un compromiso espiritual. El mensaje cristiano de cómo Cristo ama a Su novia, la Iglesia, es nuestra inspiración. Las prohibiciones y las consecuencias del pecado sexual son secundarias a la intimidad que uno experimenta en la obediencia a Dios. Nuestros hijos necesitan ver cómo nuestras vidas son diferentes debido a Su amor. Con confianza, podemos compartir con ellos que el verdadero amor de Dios les dará poder para evitar la trampa de la pornografía.

¿Qué le provoca la exposición de su hijo a la pornografía?

La exposición de un niño a la pornografía a menudo desencadena problemas sin resolver de los padres. Puede ser que a una madre le recuerde un abuso sexual en el pasado, o que a un padre le recuerde su propia lucha con la pornografía y otros pecados sexuales. Debido a que este tipo de recuerdos pueden ser doloroso, enfrentar la exposición de un niño a la pornografía puede ser aún más difícil. Por estas razones, la terapia familiar puede ser particularmente útil.

La pornografía se ha convertido en algo tan común, incluso entre los cristianos, que su uso se ha entretejido en la vida cotidiana de innumerables hombres, mujeres y matrimonios, interrumpiendo la eficacia de los creyentes de Dios.

Un último pensamiento

Si realmente creemos que el pecado es una barrera poderosa entre nuestro hijo y Dios, pasaremos de un simple enfoque de “manejo del pecado” a guiarlos hacia una relación amorosa con nosotros y, lo que es más importante, con Él. Donde quiera que se encuentre la pornografía o el pecado sexual, ya sea en la vida de nuestros hijos o en la nuestra, podemos rendirnos a nosotros mismos y a quienes amamos al cuidado y la compasión de nuestro Padre. Su pureza permanece y nos limpia. Acerquémosnos a la gracia del Padre celestial y pidamos perdón y ayuda.

 



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